Para sus hijos, la vida de Eudelio Garza Lozano fue la de un guerrero. Persona decidida, de hechos, no dichos; cantador, constructor, arquitecto, hombre de familia, amoroso y generoso, son algunos de los calificativos que vertieron sobre su padre, apodado como "El Demonio", quien falleció el 29 de abril víctima de una enfermedad que le aquejó durante los últimos seis meses.
Curiosamente su padre, Eudelio Garza Treviño, murió un 29 de abril, pero hace ocho años; y Leonardo, su segundo hijo, falleció un día 29, pero de marzo.
Los últimos meses, cuenta sus esposa Rosalinda Mercado de Garza, fueron de paz, oración y de mucha felicidad junto a su familia.
"Fueron días muy hermosos y murió rodeado de la gente que más le amamos: sus hijos, su esposa, sus nietos y su hermana".
SU VIDA
Nació el 11 de abril de 1943 en Monterrey. Hijo de Eudelio Garza Treviño y Esther Lozano de Garza, siendo el segundo de tres hermanos.
Estudió su primaria en la Escuela Fernández de Lizardi, en el centro de Monterrey.
"Y desde esa edad, se identificaba con la gente que tenía necesidad, porque él veía a los niños sin zapatos, los que repartían el periódico, y un día se fue descalzo a la escuela en solidaridad con ellos, y no lo dejaron entrar a la escuela", recordó su esposa.
Como su padre se dedicó a la construcción, su infancia se la pasó enderezando clavos y vigas junto a él.
Siempre fue rebelde e hizo las cosas a su manera. Ingresó a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León, pero abandonó sus estudios al tercer año diciendo que los profesores no tenían nada que enseñarle.
"Al tercer año de arquitectura retó a sus maestros y les dijo que él sabía más, porque era atrevido, y les dijo que no tenía nada que aprender de ellos. Después de que nos casamos hubo maestros que, a mí me consta, vinieron personalmente a decirle, 'qué razón tenías, no teníamos nada que enseñarte'".
Visionario realizó en la escuela un proyecto de cines múltiples, como los que actualmente existen, que fue desechado por sus maestros que pensaron que estaba mal y lo reprobaron.
Eudelio Garza conoció a su futura esposa en una reunión. Allí se acercó a ella y le dijo: "¿tú andabas el domingo vestida con un vestido amarillo con azul? Es que te vi de lejos y nunca me había impactado tanto una mujer como tú... pero ya que te veo de cerca, ya no me gustas". Así, sin más, se dio la media vuelta y se volvió a sentar
Ella se puso a hablar de filosofía y él a cantar. Y más tarde, al salir le dijo: "realmente me impresionaste mucho el domingo que te vi de lejos. Cuando te vi de cerca, ya no tanto, pero después de haberte escuchado me impresionaste más de lo que hiciste el domingo". En esa semana fueron al cine y a cenar.
"Me platicó quién era él, todo lo mal que se portaba, pero ni así me asusté y me dijo: 'te estoy diciendo quién soy yo para que nadie te sorprenda, porque el 11 de abril nos vamos a casar... ¡Y estábamos en noviembre!
"Yo fui una invitada a esa boda, porque él hizo absolutamente todo".
Así, Rosalinda Mercado se casó con Eudelio Garza el día de su cumpleaños, en 1969.
Tras el matrimonio, su hijo Eudelio nació en enero de 1970 e inmediatamente, en diciembre de ese año, nació Leonardo Javier. Marco Antonio nació en 1975; Valentina, en 1982, y Benjamín, en 1985.
"Ellos cuando estaban pequeños también crecieron entre materiales de construcción, entre la arena, los fierros, la varilla y los blocks. Cuando él empezó a trabajar ni carro tenía, la del carro era yo. Luego me decía: 'te casaste conmigo por mi dinero', y yo le decía: 'pues ni tenías, la del carro era yo', y él respondía: 'pero me viste futuro'".
De joven él gustaba de cantar, pero lo dejó por el cigarro. Al vencer su vicio regresó a su hobbie y grabó alrededor 22 de cds, todo en un lapso de 10 años.
"Estar con él un domingo era pasear todo el día en el carro, para ir por los terrenos, las construcciones; nos bajábamos a jugar con tierra, con varillas, pero prácticamente así era todo el domingo", dijo Valentina.
Dijo que más grandes, cuando los hijos se casaron y llegaron los nietos, Eudelio Garza buscaba por todos los medios reunirse con su familia, quería que los jueves y domingos su familia estuviera junta.
Era muy amiguero y conservó la amistad de muchos de ellos durante toda su vida, como Óscar Bulnes, Pepe Guerrero o Juan Villarreal.
"Aunque empezó a destacar mucho más que los demás, él siempre estuvo allí para lo que necesitaran", dijo Eudelio, su hijo mayor.
Explicó que él nunca buscó el dinero, y jamás lo consideró como un fin.
"Decía que lo importante es hacer las cosas. El dinero viene solo", dijo Eudelio.
Rosalinda Mercado de Garza recordó otra de las frases que él solía repetir:
"Cuando buscas el dinero con vehemencia, con la misma vehemencia que lo buscas, te será negado. Trabaja y haz bien las cosas, y como consecuencia te va a llegar el dinero".
Eudelio Garza finalmente pudo descansar.
SUS HIJOS
Eudelio Garza Mercado
"Lo que siempre le admiré fue su visión y su dedicación, su nivel de detalle y de profundidad. Yo no he visto a nadie que tenga la capacidad de analizar las cosas como él sabía.
"Y nunca se dejó de nadie, siempre cualquier situación la supo superar, para mí es un guerrero".
Marco Antonio Garza Mercado
"La claridad de expresión que tenía era muy puntual y no tenía grises. Era blanco o negro, en lo laboral, en lo personal, en todo. Ese era uno de los detalles, entre muchos que me llamó la atención.
"Imagínate lo que le admiro a mi papá. Todo el esfuerzo que hizo en lo profesional para haber logrado todo lo que logró, el esfuerzo que hizo fue impresionante".
Benjamín Garza Mercado
"El trato que tuvo con todos nosotros, desde sus hijos hasta sus nietos, cómo lo disfrutamos. Cómo nos lo platicaba, las enseñanzas que nos dio y obviamente le admiro todo lo que mis hermanos dijeron: lo perfeccionista que era y la verdad nos deja mucha chamba por hacer, pero también enseñanzas.
"Debemos ser lo más parecido a él para llegar al éxito que él tuvo en su vida".
Valentina Garza Mercado
"Nos deja muchísimas enseñanzas. Como papá, nunca fue de los que te aconsejara y hablara contigo; siempre fue del tipo de que con sus acciones te enseñaba. No nos decía: hijito haz esto o lo otro. Nos enseñó a observar mucho.
"Y al verlo a él, sus aciertos y sus desaciertos nos hacía aprender y entender qué era lo que teníamos que hacer y para dónde íbamos. Cuando te caes es cuando más aprendes, y el dejó que nos cayéramos varias veces para aprender como él quiso que aprendiéramos".
SIERRA MADRE-EL NORTE

pero falto la familia del segundo matrimonio
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